NOTICIAS DEUDORAS – La moratoria en la pesca de la merluza hubbsi hoy llegó a su fin, al comprobarse que, después de 30 años de no permitirse su pesca, no sólo no logro crecer la población de dicho pez, sino que se extinguió definitivamente. Debido a la moratoria, y al hecho comprobado de su poco valor nutritivo, la merluza había dejado de pertenecer a la dieta de los argentinos. El sector pesquero del puerto de Mar del Plata será reconvertido en parque temático de diversiones.
- Damas y caballeros, comenzamos el descenso. Por favor, enderecen el respaldo de sus asientos y activen el cinturón de seguridad. Muchas gracias.
El comandante del vuelo 1071 de American Airlines, proveniente de Nueva York, anunciaba de esta manera que estaban llegando a Baires. El avión, un Airbus francés modelo C450 con capacidad para 1500 personas, contaba entre los pasajeros del sector VIP con un Secretario del Tesoro muy contento. En efecto, Domingo Valloca se encontraba muy satisfecho con su gestión ante el FMI y el Grupo de los 9, en búsqueda de financiación para el espaciopuerto y con qué les iba a pagar. El mecanismo de pago mediante territorios era sencillo: se pedía un préstamo para algo, en este caso el espaciopuerto, se fijaban los intereses y la fecha de vencimiento de dicho préstamo. La garantía de ese préstamo eran territorios (muy apropiadamente llamados Territorios Disponibles); dicho de otra manera, funcionaba como una hipoteca, aunque en este caso, lo que se hipotecaba era parte de la Argentina. Como la capacidad de pago del país era prácticamente inexistente, se ejecutaba la hipoteca y los acreedores tomaban posesión del territorio que funcionaba como garantía. Para achicar costos y maximizar ganancias, los acreedores permitían al Gobierno de turno que administre esos territorios en su nombre. De ahí que la Argentina estaba partida en dos: una parte llamada República Deudora Argentina, compuesta por las regiones pertenecientes a los acreedores, con un Gobierno central y otra parte llamada Territorios Disponibles que se manejaban como mejor podían, cada provincia con sus recursos. Ninguna de esas provincias, aunque quisieran, podían oponerse al Gobierno central cuando llegaba la hora de pagarles a los acreedores. Todas quedaron escarmentadas luego del contundente castigo que Carlos Saúl I propinó al Gran Adolfo.
Valloca hizo lo que pidió el comandante del Airbus, mientras miraba por la ventanilla el Río de la Plata. El respaldo de su asiento quedó en posición vertical mientras el cinturón de seguridad sujetaba su cuerpo al mullido asiento. Consultó su reloj y vio que eran las 22:00 del viernes 27 de Mayo de 2050. Nunca dejaba de sorprenderlo, aunque era un experimentado viajero, que el trayecto Nueva York – Baires se cubriera en escasas dos horas y media cuando, en la época del Precursor, ese mismo viaje duraba alrededor de once horas. Eso es progreso.
El cono director de la aeroísla Domingo Cavallo alcanzó a la aeronave y la condujo con cibernética seguridad hacia la plataforma de aterrizaje 2, donde se posó con suavidad. Algunos aplausos se escucharon en el avión, lo que le indicó a Valloca que había argentinos a bordo. Esa costumbre típica seguía manteniéndose a través de los años, como exorcizando los miedos de un accidente, algo totalmente ridículo en la actualidad con todas las medidas de seguridad vigentes. Los motores del Airbus se apagaron y los cinturones de seguridad se desabrocharon, permitiendo a los pasajeros alistarse para el descenso. Siendo la persona de más jerarquía en el avión, Valloca descendió primero, saludado por las azafatas y los comisarios de a bordo a medida que se acercaba a la salida.
Al pie de la escala de acceso al avión, una limusina de color negro lo estaba esperando, con un auto delante y otro detrás. Cuando Valloca terminó su descenso, un hombre uniformado le abrió la puerta trasera.
- Bienvenido a casa, señor secretario – dijo el uniformado.
- Gracias, Daniel – respondió Valloca - ¿Cómo están las cosas por acá?
- Es bueno que haya vuelto, señor – concluyó Daniel.
Valloca subió a la limusina, inquieto. Daniel Pérez, su chofer, guardaespaldas y hombre de máxima confianza, era mezquino con las palabras; por eso, la respuesta del chofer era toda una declaración. Apenas la limusina comenzó a moverse, Valloca activó el mensajero computarizado del vehículo para revisar su correo electrónico. Una comunicación de la secretaria personal de Juan Saúl III, recordándole la entrevista para el día siguiente. Otro recado de su amante, Beatriz, diciéndole lo mucho que lo extrañaba (ante esto, Valloca sonrió), y un mensaje del general Zabal, invitándolo a ver una película en su casa.
Parpadeó. ¿Zabal invitándolo a ver una película en su propia casa? Raro, muy raro. Revisó con más detalle el mensaje del Secretario de Defensa, comprobando que tenía un holograma adjunto, por lo que ordenó al mensajero computarizado que lo mostrara. Al momento un holograma miniatura de Zabal apareció, y comenzó a hablar:
- Mi querido Domingo, espero que tu viaje haya sido un éxito, como siempre. Hoy a las 23:00 te espero para ver esa película que estuvimos comentando el otro día, ¿te acordás?, “Los doce del patíbulo”, un clásico. Ah, antes de que me olvide, todavía tenemos que debatir la otra película que vimos, “Zelig”. Yo pongo el vino y los cigarros. Te espero.
El holograma desapareció, dejando a Valloca meditando. Zabal utilizó las frases codificadas que habían ideado para referirse a las dos operaciones planeadas. “Los doce del patíbulo” se refería a que el general consiguió a los falsos autores del atentado del 20 Aniversario. “Zelig”, en homenaje a esa fantástica película de Woody Allen, indicaba que Zabal quería hablar con él los planes de asesinar a Juan Saúl III y sustituirlo por un clon, pero de tal manera que nadie note la diferencia. Valloca le indicó al mensajero computarizado que responda a Zabal que iba a asistir a la cena a la hora planeada. Hecho esto, el Secretario del Tesoro se acomodó en su asiento y dejo vagar su mente, mientras miraba el paisaje urbano de Baires por la ventanilla blindada.
La limusina, junto con los autos eléctricos de la custodia del Secretario, avanzaba por la avenida Cantilo por el carril izquierdo de vehículos con motor, dejando atrás a bicitaxis, bicicletas, monopatines eléctricos y carros a pedal familiares. Los autos eléctricos tenían un costo prohibitivo para la mayoría de la población, y ni hablar de los pocos aeroautos, por lo que el método más usado es la clásica bicicleta, traída de China, por supuesto.
Al llegar a Udaondo giraron a la izquierda. A escasa distancia, se podía ver parte del muro perimetral que rodeaba Baires. Valloca recordaba muy bien los motivos de la construcción de dicho muro, porque en esa época él estuvo muy cerca de perder la vida.
Todo pasó durante los años 2006-2007 en la época del Terror Piquetero, dos años terribles para la Argentina. El Presidente en aquellos años no encontraba forma de contener a los piqueteros, quienes exigían trabajo o, en su defecto, dinero para ser aplacados. Pero al aumentar las exigencias, y no conseguir respuestas, pasaron a la acción directa. Comenzaron cortando rutas y calles, luego siguieron tomando locales de Mc Donald´s u otras sucursales de empresas multinacionales extorsionándolas para conseguir dinero, alimentos y otros bienes, después continuaron con la quema de dichas sucursales, hasta que comenzó el verdadero Terror.
Valloca tenía apenas veinte años cuando su padre los cargó a él, a su madre y a su hermana con unas pocas pertenencias en la 4x4 de la familia y huyeron despavoridos del country Highland, minutos antes de que los piqueteros entraran en ese y otros barrios cerrados de la zona Norte de lo que antes se llamaba Gran Buenos Aires y actualmente era el cinturón urbano exterior, para saquearlos e incendiarlos. Los pocos que fueron valientes o estúpidos que se quedaron a defender sus propiedades fueron bárbaramente asesinados. El Gobierno seguía sin responder, por lo que los piqueteros, envalentonados, siguieron con sus acciones. Al grito de “Queremos más planes Trabajar”, los countries de la zona Sur fueron los siguientes en ser arrasados, pero en este caso no había nadie habitándolos porque sus propietarios habían huido hacia la ciudad de Buenos Aires o hacia el exterior del país.
La situación era caótica y la población pedía al Gobierno que la defendiera. Las empresas multinacionales abandonaban la Argentina masivamente, haciendo que la desocupación alcanzara niveles récord. Los vecinos de Pinamar, ciudad veraniega que solía ser elegida por la gente sana para vacacionar excavaron zanjas, levantaron parapetos de defensa y consiguieron comprar armas para defender sus casas y su ciudad, ante la amenaza piquetera. Fue en ese momento que el Precursor volvió de su destierro para presentarse a elecciones. Por supuesto, las ganó ampliamente por más del 55% de los votos. Lo primero que hizo fue convocar al líder piquetero que encabezó los asaltos a los countries, Raúl Castells, para negociar condiciones de una paz social. La capacidad negociadora del que iba a convertirse en Carlos Saúl I era tan considerable que Castells terminó formando parte del nuevo Gobierno como Ministro de Salud y Acción Social. Si bien el grupo piquetero que él dirigía se integró al Gobierno, otros grupos lo consideraron un traidor a la causa y decidieron el asalto a la ciudad de Buenos Aires. En un gesto que pasó a la historia, Castells se dirigió al puente Pueyrredón, al sur de la ciudad, junto con su esposa Nina Peloso, para arengar a los piqueteros que avanzaban y disuadirlos de sus planes. Pero los piqueteros no sólo no los escucharon, sino que los mataron allí mismo; es por eso que el puente se pasó a llamar, desde ese entonces, puente Castells.
Los combates entre la policía y los piqueteros fueron sangrientos y feroces. Los barrios de Pompeya, Barracas y la Boca quedaron destruidos por la violencia de la pelea. En el oeste de Buenos Aires, Liniers y Villa Real fueron escenario de diversos enfrentamientos que dejaron sin hogar a mucha gente. En el norte de la ciudad, Núñez, Saavedra y Belgrano sufrieron lo peor de la lucha. Pero Carlos Saúl I no era hombre de arredrarse ante las dificultades, y ordenó al Ejército que impusiera la paz a cualquier precio. Diversas unidades del interior del país convergieron sobre la ciudad y, después de un mes de lucha Buenos Aires o Baires como se la llamó desde ese entonces, fue liberada. El sitio de Pinamar fue levantado después de dos meses de asedio piquetero gracias a la intervención de la Gendarmería.
Para evitar en el futuro la irrupción de grupos como el de los piqueteros en Baires, Carlos Saúl I ordenó la construcción del muro perimetral, que constaba en realidad de dos muros de 15 metros de altura cada uno, con un espacio entre dichos muros de 5 metros salvo en la zona del Riachuelo, donde el propio río era la separación entre paredes. El muro era constantemente vigilado por soldados fuertemente armados, acompañados por perrobots y equipados con lo último en tecnología de vigilancia. Los accesos a la ciudad fueron sometidos a control estricto de parte de la policía que tenía órdenes de chequear a los que entraban y salían. Con ésta y otras medidas, el movimiento piquetero se debilitó y finalmente desapareció. Pero el muro quedó.
Valloca salió de sus recuerdos cuando Daniel le anunció que llegaron a la residencia del Secretario de Defensa, general Martín Zabal, que se encontraba en la avenida del Precursor y Bullrich. En la puerta, el general en persona lo estaba esperando.
- Mi querido Domingo – lo saludó cordialmente
- Mi querido Martín – contestó de la misma forma Valloca.
Ambos hombres entraron a la residencia y se dirigieron a la biblioteca que hacía las veces de escritorio de trabajo del general. Al llegar, se acomodaron en sendos sillones, mientras un bar-robot Toshiba servía bebidas, snacks y ofrecía cigarros. Valloca bebió un largo trago de Ballantine´s Black Label y dio una larga pitada a su cigarro Castro, mientras Zabal daba comienzo a la charla.
- ¿Cómo te recibieron?
- Como siempre, con los brazos abiertos – repuso Valloca – Sobre todo cuando les hablé de la construcción del espaciopuerto y de los territorios que puse de garantía.
- ¿Y qué te dijeron?
- No necesitaban decirme nada. Les brillaban los ojos pensando en las riquezas que podrían sacar de esas provincias. Simplemente considerá que lo que les estamos otorgando es el resto de la pampa húmeda y lugares de cultivo vitivinícola. Una buena combinación, ¿no?
- ¿A Carlos Saúl I se le había ocurrido la idea de cambiar deuda por territorios? – quiso saber Zabal.
- No. Él marcó el camino cuando cambió empresas estatales por papeles pintados de la deuda externa. Fue Máximo Saúl II quien perfeccionó y puso en práctica lo de cambiar deuda por territorios. Él sí que era simplemente brillante y un verdadero patriota – respondió Valloca, sutilmente indicando que era hora de hablar de negocios. Zabal captó al vuelo tal sutileza.
- El teniente coronel Cori, director del Centro de Rehabilitación de la Isla de los Estados, fue quien me proveyó a los 12 “responsables” del atentado. Tengo que admitir que, a pesar de su cortedad intelectual, Cori hizo una muy buena elección.
- ¿Y cuándo se va a ejecutar la operación?
- De acuerdo a los deseos de nuestro bienamado Supremo Regidor, antes del lunes 30 de Mayo, para presentarle a Ratz, el 2 de Junio, los cadáveres de los asesinos de su amigo.
- ¿Y dónde los tenés almacenados?
- En Saladillo, en los cuarteles del 25 Regimiento de las Brigadas Deudoras.
- ¿Por qué ahí, precisamente? – preguntó extrañado Valloca
- Hay algo que no sabés – respondió Zabal, y procedió a explicarle la emboscada Patriota en Henderson.
- ….y eso fue lo que pasó. Pero lo que más me inquieta es la información tan precisa que tenían los Patriotas acerca del convoy y la capacidad de emboscar y derrotar sin atenuantes a un pelotón de las Brigadas. Tengo que considerar que los terroristas han mejorado su entrenamiento y armamento, combinación que no me gusta nada.
- ¿Pero en serio decís que no quedó ninguno? – preguntó atónito Valloca
- Excepto uno, del cual no encontramos rastro alguno, el resto murió allí mismo. De acuerdo a las holofotos que pude ver, el lugar fue una carnicería. – repuso Zabal
- ¿Cómo lo tomó nuestro querido Juan Saúl III?
- Pésimamente, como era de esperar, por eso quise aprovechar y pedirle autorización para trasladar 3 regimientos a la zona de Henderson, pero el muy cretino no sólo no quiso, sino tuvo el descaro de decirme que con un regimiento me alcanzaba. Como si él supiera de táctica militar. De todos modos, voy a aprovechar el desastre de Henderson para ejecutar la operación Reemplazo allí mismo, por eso mandé los contenedores de vida suspendida allá. Ya mandé a nuestros investigadores varias muestras de sangre, las cuales van a “coincidir” con las que “encontramos” en el lugar del atentado.
- Ya que hablaste de la operación Reemplazo, ahora te voy a contar yo de la operación Reemplazo 2 – dijo Valloca, sirviéndose otro trago.
“Después de la reunión que tuve con el directorio del FMI por el tema de la financiación del espaciopuerto, Ratz me preguntó si tenía algún problema en mantener una reunión privada. Por supuesto, accedí. En su oficina, Ratz me comentó que las últimas acciones de nuestro bienamado Juan Saúl III no eran bien vistas, ni por él ni por el resto del directorio, por lo que estaban considerando que quizás sería mejor que en el puesto de Supremo Regidor de la República Deudora Argentina estuviera otra persona más capacitada. Yo le dije que, genéticamente, la dinastía riojana era la mejor predispuesta a seguir los dictados del FMI, por lo que, proseguí, para qué buscar a un desconocido. ¿No se podría poner a un legítimo miembro de la Dinastía Riojana? Ratz, en tono confidencial, me confirmó algo que ya sabíamos: que existe un clon de Juan Saúl III, crecido y educado íntegramente en las escuelas-nurseries de las islas Caimán por personal calificado del FMI, y que tenían la intención de reemplazar al actual Juan Saúl III por su clon. ¿Conocía yo a alguien que estuviera dispuesto a realizar tan delicada operación?, me preguntó.”
“Depende de las ganancias, le respondí, porque los riesgos son enormes. Entonces, Ratz fue claro y tajante: si antes del lunes 30 de Mayo le presentaba un plan razonable y practicable, él nos iba a dar su apoyo; y en caso de triunfar, yo voy a pertenecer al directorio del FMI, y vos vas a ser comandante general de las fuerzas Recolectoras”.
Zabal quedó helado al escuchar lo que le dijo su amigo. ¿Comandante general de los Recolectores? Las tropas más duras de todo el mundo, las más entrenadas y las más despiadadas, capaces de “convencer” a Liberia de honrar sus deudas y, 24 horas después, hacer lo mismo con Nueva Guinea. Liderar esas tropas era el sueño de todo militar que se precie de tal. La oferta del presidente del FMI indicaba cuán peligroso era lo que iban a intentar, pero semejantes recompensas eran sólo para hombres decididos y tenaces.
- En mi vida había oído una oferta tan tentadora, pero tan peligrosa – comentó Zabal.
- Peligrosa, pero extremadamente atractiva. Nosotros tenemos un plan ya diseñado para esta contingencia, ¿no? – preguntó Valloca.
- Hay que cambiar el plan, porque lo que íbamos a hacer nosotros era matarlo frente a Ratz, pero ahora, con lo que te dijeron en el FMI... – se quedó pensativo.
“Vamos a hacer lo siguiente. Desde Nueva York, necesitamos que el duplicado de Juan Saúl III sea enviado dentro de un contenedor de vida suspendida, llegando acá el 1 de Junio. En el hospital Militar tenemos un pabellón de reanimación, por lo que ahí vamos a proceder a despertar al clon. Por otra parte, cuando realicemos el acto de festejo por haber descubierto y ejecutado a los responsables del asesinato de Karkov, la guardia de seguridad va a estar compuesta sólo por hombres de mi máxima confianza, para que la persona que ejecute el atentado pueda hacerlo sin problemas. Luego de herido, Juan Saúl III va a ser derivado de suma urgencia al hospital Militar, donde vamos a cambiarlo por nuestro clon. Por supuesto, el Juan Saúl III original no sobrevivirá a sus heridas”.
- Como plan, es bueno. ¿Y el hombre que va a herir gravemente al Supremo Regidor? – preguntó Valloca.
- ¿Hombre? ¿Quién te dijo que va a ser un hombre? – replicó Zabal.
Valloca se quedó mirándolo intrigado. Luego, un relámpago de comprensión cruzó su cara.
- ¡Pero qué hijo de puta! – exclamó, con admiración.
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