NOTICIAS DEUDORAS – “Mi lucha”, la biografía del Precursor Carlos Saúl I, está batiendo récords de venta en las diez librerías autorizadas de la República Deudora Argentina. El libro cuenta, en forma amena, su vida y obra, sin excluir su prisión en el Chaco y su triste exilio en Chile, ni tampoco su exitosa lucha por incorporar a la Argentina al Primer Mundo. Si compra con Menemcard, obtendrá un 10% de descuento.
La luz del sol comenzaba a inundar lentamente las habitaciones privadas del Supremo Regidor en la fortaleza de Olivos, iluminando la enorme cama donde se hallaba Juan Saúl III. Éste, al sentir los rayos del sol, se despertó e incorporó, desperezándose, sintiéndose muy descansado. A su derecha, bajo las sábanas, podían adivinarse las bellas formas del cuerpo de Cecilia, mientras que su pelo dorado se desparramaba como una catarata. Qué mujer increíble, pensaba Juan Saúl III, realmente increíble. A pesar de haber hecho el amor con infinidad de mujeres (el poder es afrodisíaco, decía Kissinger), Cecilia lo había dejado agotado. Su habilidad para el sexo había dejado atónito al Supremo Regidor, quien no podía creer las variantes y poses propuesta por ella; algunas de las cuales él no conocía. Al tiempo que la miraba, comenzó a sacarle la sábana lentamente para deleitarse una vez mas con la contemplación de su cuerpo, que parecía esculpido en mármol por los mejores escultores griegos.
Como si sintiera la mirada de Juan Saúl III, Cecilia se desperezó sensualmente, y aún de espaldas al Supremo Regidor, dijo con voz aniñada:
- ¿Qué desea mi señor?
- Que te despiertes – respondió Juan Saúl III, sintiendo la excitación correrle por el cuerpo.
Cecilia se dio vuelta para quedar boca arriba, estiró sus piernas y puso sus manos detrás de su nuca, haciendo que sus pechos se eleven.
- Así, no me puedo despertar – dijo ella con voz sensual.
Juan Saúl III no se hizo rogar.
Dos horas después, el que estaba boca arriba, exhausto, transpirado, era el Supremo Regidor. Esta mujer me va a matar, pensaba, es un volcán de lujuria y pasión, y totalmente predispuesta a mis requerimientos. Creo que la palabra “no” no existe en su vocabulario. En ese momento, Cecilia salió del baño vestida con una camisa de Juan Saúl III y una tanga, caminando como una pantera. Al verla, el Supremo Regidor sentía que le latían las sienes. Debo controlarme, se dijo, no puedo permitir que mi lujuria me domine. Para su salvación, sonó el intercom.
- ¿Quién es?
- Señor, tiene una comunicación del FMI – repuso el edecán de turno - ¿Desea atender allí, o prefiere ir a la sala de Holocomunicaciones?
- Dígales que en 10 minutos los llamo – ordenó Juan Saúl III,
- Como usted mande, señor.
El Supremo Regidor comenzó a vestirse para la entrevista que lo esperaba, suponiendo que Ratz iba a hacerle un comentario sobre el incremento de la deuda, la cual fue ampliamente lograda por la gestión de Valloca en Nueva York. Valloca. Su utilidad estaba llegando a su fin, consideró Juan Saúl III, demasiado inteligente y ambicioso para ser un simple Secretario, lo mismo que el general Zabal. Por suerte, su muy fiel cuerpo médico lo mantenía al tanto del desarrollo de los clones de ambos Secretarios, y le habían informado que en aproximadamente dos semanas iban a estar listos, por lo que a los Valloca y Zabal originales les quedaban dos semanas de vida.
- ¿Desea mi señor que lo ayude a vestirse? – dijo Cecilia.
Me olvidé de ella, pensó Juan Saúl III al mismo tiempo que la miraba. Por culpa de esos dos cretinos, me olvidé completamente de que estaba acompañado. Malditos.
- Vamos a poner algo en claro: cuando estemos solos, para vos soy “Saúl” o “Juan”, no “mi señor” o cosas semejantes. ¿Estamos de acuerdo?
- Sí, mi s…, Saúl.
- Así está mejor. Lamentablemente tengo que irme ahora, así que voy a ordenarle a alguno de mis colaboradores que te lleve a tu casa.
- ¿Es muy importante esa comunicación con el FMI? – le preguntó Cecilia.
- Lo suficiente para que no me pueda quedar con vos, muy a mi pesar, pero tengo toda la intención de volver a verte.
- ¿Cuándo?
- Mañana es el día de las Brigadas Deudoras y va a haber una pequeña recepción en la Casa Rosada. Me gustaría que fueras mi invitada de honor.
- Acepto tu invitación y me siento muy halagada – dijo Cecilia, ruborizándose.
- El halagado acá soy yo, de poder estar con una mujer tan hermosa como vos – repuso galantemente Juan Saúl III – pero ahora tengo que irme.
El Supremo Regidor le dio un beso y salió de su habitación con paso raudo hacia la sala de Holocomunicaciones de la fortaleza, con la imagen de Cecilia bailando frente a sus ojos. ¡Qué mujer!, suspiraba para sus adentros, pero había algo que lo incomodaba: ¿dónde la había visto antes?
Al llegar a la sala de Holocomunicaciones, todos los técnicos se retiraron de la misma, como correspondía, salvo uno al que Juan Saúl III le ordenó que llamara al FMI. Luego de establecer la comunicación requerida, el técnico se retiró, dejando al Supremo Regidor listo para hablar con Roger Ratz. Respiró hondo, se relajó y puso su famosa sonrisa, al tiempo que el holograma del presidente del FMI hacía su aparición.
- Amigo mío – comenzó Ratz.
- Mi señor, ¿a qué debo el honor de su llamada? – preguntó sumisamente Juan Saúl III, al tiempo que hincaba la rodilla derecha.
- Quería comunicarte personalmente que hemos aprobado tu solicitud de préstamo para la construcción del espaciopuerto, por lo que el objetivo de aumentar la deuda en un 8% no sólo se cumplió, sino que lo superaste. Mis más cordiales felicitaciones.
- Gracias, mi señor – dijo el Supremo Regidor, haciendo una profunda reverencia.
- No tienes nada que agradecer, ya que has cumplido bien tus obligaciones. Lo único que faltaría para completar una buena tarea es descubrir a los asesinos de mi amigo Igor Karkov.
- Estamos trabajando sobre una pista firme, mi señor. Creo que vamos a tener buenas noticias muy pronto.
- Así lo espero, amigo mío, y recuerda que el 2 de Junio voy a visitar tu país, y espero ser bien recibido.
- Será recibido como siempre, mi señor.
- Hasta ese entonces, pues – se despidió Roger Ratz con demasiada amabilidad, cortando la comunicación.
El Supremo Regidor de la República Deudora Argentina Juan Saúl III estaba exultante y pletórico de alegría: Ratz estaba sumamente complacido por los acontecimientos y así se lo manifestó. Faltaba el pequeño detalle que Zabal prometió resolver, y todo se encarrilaría para bien. En dos semanas, Zabal y Valloca pasarían a la historia y sus clones, condicionados para obedecerlo en todo, ocuparían sus lugares y su posición quedaría fortalecida. Pero había algo que lo seguía inquietando: ¿de dónde la conocía a Cecilia Marie Fonck?
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