22 octubre 2006

Capitulo 21

TELAM – En la localidad de San Martín, círculo urbano interior de Baires, durante un allanamiento se encontró un taller textil clandestino de con tres telares en funcionamiento. El lugar, según el comisario Godoy, a cargo del operativo, se usaba para fabricar camisas, pantalones y remeras entre otros tipos de prenda. Los malhechores fueron enviados a prisión por violar la Ley 87403, que prohíbe el acto de fabricar cualquier cosa en el ámbito de la República Deudora Argentina.


- Muy bien coronel Cañones, informe – dijo el general Zabal.

- General, tenemos listos para enviar al área de maniobras al 70% de nuestros efectivos, dejando el resto como custodia de los cuarteles – respondió el aludido, en posición de firmes.

El Secretario de Defensa se encontraba cómodamente sentado en la oficina del coronel Cañones, oficial al mando del 25 Regimiento de las Brigadas Deudoras. Con una figura que delataba falta de ejercicio y cirugía renovadora, el coronel Cañones era un oficial probo y honesto. Su nariz de boxeador y sus exóticos bigotes eran todo un símbolo en el ámbito de las Brigadas Deudoras, y muchos oficiales subalternos pedían el pase a Saladillo para estar bajo su mando, a pesar de que era una localidad fronteriza y, como tal, expuesta a las incursiones de los Patriotas. La historia se repite, meditó Zabal. Los restos de los fortines que todavía se podían ver por la zona eran testigos de los malones allá por el siglo XIX, cuando los vastos territorios al oeste y sudoeste eran salvajes. Casi como ahora.

- Entenderá, coronel, que el deseo del Gobierno y el mío es que la gente de esas ciudades deben sentir que están seguros con nosotros, por lo que no deberá haber fallas en la limpieza de Patriotas.

- General, quiero decirle que muchos de los muertos en la emboscada en Henderson eran camaradas míos, amigos con los que hemos peleado codo a codo. Nada me complacería más que vengar sus muertes.

- ¿Usted se va a vengar? – preguntó amenazante Zabal.

El coronel Cañones se envaró, comprendiendo que había hablado de más.

- Esto es una guerra, coronel Cañones, no una oportunidad para satisfacer una venganza personal.

- Entiendo cuál es mi deber – respondió Cañones.

- ¿En serio, coronel Cañones? ¿Realmente lo entiende?

Lentamente, la furia que se podía apreciar en la cara del coronel Cañones empezó a desvanecerse.

- Sí, general – musitó – Mi deber es para con el Gobierno, para con usted y para con las tropas a mi cargo.

- Muy bien – dijo Zabal – En otras palabras, con los vivos, no con los muertos.

- Sí, general.

- Nunca olvide esto, coronel. La suerte de la guerra, como una mujer, es veleidosa, y puede usted estar seguro que los Patriotas van a pagar caro la masacre de Henderson, pero ese pago sucederá como resultado de nuestras operaciones, no como un acto de venganza personal – Zabal entrecerró los ojos – Y no ciertamente por un oficial bajo mi mando. Espero haber sido lo suficientemente claro.

El coronel Cañones tragó saliva – Si, general, y disculpe el exabrupto.

- Su experiencia en combate debería servirle, coronel. Mantenga la calma, y todo va a salir bien.

- ¿Vamos a usar los tres pelotones de refuerzo que llegaron de Baires? – preguntó Cañones.

- No, esos pelotones van a quedar bajo mi mando directo. Tengo otros planes para ellos.

- Nos vendrían bien para nuestro avance hacia el oeste.

- Coronel, usted está llevándose siete compañías, con su armamento de apoyo. Los Patriotas no tienen semejante cantidad de tropas para presentar batalla, por lo que no tiene que tener problemas con la oposición que pueda encontrar.

- Con todo respeto, general, lo mismo pensaba el general Mazzera y pagó con su vida el error de inteligencia. Nada hace suponer que los Patriotas no hayan reforzado su posición en estos dos días que pasaron desde el ataque.

Zabal comenzaba a perder la paciencia.

- Coronel, ya tiene usted sus órdenes, por lo que no le queda otra que obedecer, ¿entendió? Y ahora márchese.

- Si, general – y Cañones se fue.

Por supuesto que tengo otros planes para los pelotones de refuerzo, pensaba Zabal, planes que involucraban a los doce contenedores de vida suspendida que habían venido con los pelotones, para eso los había traído personalmente desde Baires. Recordaba la noche anterior, en el piso de Valloca...

Después de haber recibido la comunicación de Bondini desde la Embajada de EE.UU., la noche en que Juan Saúl III y Cecilia Marie Fonck se conocieron, Valloca y Zabal supieron que se había dado un paso más en su plan y ahora había que seguir adelante.

- Bueno, Domingo, ahora tengo que entrar en acción – dijo Zabal.

- ¿Pero es necesario que vayas allá? Podés mandarlo a Bondini – comentó Valloca preocupado.

- Mi padre siempre me decía un refrán “El ojo del amo engorda el ganado”, y el viejo tenía razón. Es mejor que vaya a Saladillo, para controlar la operación Reemplazo I, para supervisar que todo salga bien. Acordate que nuestro bienamado Juan Saúl III me recordó muy amablemente que me llevás ventaja, turrito – sonrió.

- Los dos sabíamos que mi parte era la más fácil – retrucó Valloca – Con tal de obtener más territorios argentinos, el FMI acepta casi cualquier cosa.

- Entonces me vas a entender. Si vos fuiste personalmente a Nueva York para concretar el préstamo para el espaciopuerto, yo tengo que ir a Saladillo para garantizar que todo va a salir bien. – puntualizó Zabal.

- Tenés razón, pero eso no significa que me guste. ¿Y cómo va a ser todo?

- Voy a atacar el cuartel del 25 Regimiento con uno de los tres pelotones que llevo.

- ¿QUÉ? ¿Te volviste loco? – le gritó Valloca.

- De ninguna manera – repuso calmadamente Zabal – Ese pelotón va a salir del cuartel junto con los 12 contenedores de vida suspendida y van a desplazarse unos veinte kilómetros hacia el sudeste, luego van a ejecutar a los Patriotas y destruir los contenedores. En el camino de regreso, van a recibir una comunicación falsa donde va a decir que el cuartel fue tomado a traición por enemigos vestidos de brigadistas. Por supuesto, se les va a decir a las tropas que quedaron en el regimiento que hay informes de que Patriotas vestidos de brigadistas van a atacar, por lo que la confusión queda garantizada, como así también el exterminio del pelotón atacante, ya que la desproporción de fuerzas favorece a los defensores.

- Es increíble lo retorcido que podés ser – dijo admirado el Secretario del Tesoro – Pero encuentro un punto débil: cuando suceda el ataque al 25 Regimiento, los cadáveres de los 12 Patriotas van a estar lejos de la acción. ¿Cómo vas a hacer para involucrar a los ejecutados en el ataque?

- Cuando se haga la investigación de los atacantes, ¡oh, sorpresa!, van a estar los 12 cadáveres en cuestión. Como nosotros manejamos todo, esto pasa sin problemas.

- Lo hacés parecer tan fácil, que hasta creo que es fácil, aunque se positivamente que son muchas cosas que pueden salir mal. – dijo Valloca.

- De fácil no tiene nada, pero los planes fueron trazados de tal manera que el factor azar debe ría influir lo menos posible, por eso voy a ir allá a supervisar la operación, para que nada falle. Y ahora, amigo mío, me tengo que ir. Los contenedores y los tres pelotones de refuerzo ya están en Saladillo, esperándome.

Ambos hombres se incorporaron, se abrazaron fuertemente y se desearon mutuamente buena suerte.



Con un esfuerzo, Zabal volvió de sus recuerdos a la realidad. Por la ventana de la oficina, pudo ver al coronel Cañones y a las siete compañías partiendo a su misión en Henderson. Consultó su reloj, notando que faltaban pocos minutos para la partida del pelotón y los contenedores. Activó su intercom y ordenó a su jefe de contrainteligencia, teniente coronel Alzaga Limón, que se presente de inmediato. Cinco minutos después el teniente coronel estaba allí.

- A sus órdenes, general.

- Teniente coronel, ¿tiene usted alguna información reciente para mí?

- Por ahora no, general. Los perrobot espía fueron dispersados por Saladillo y sus alrededores reemplazando a los vigías aéreos de control remoto, de acuerdo a sus órdenes.

- ¿Qué hay de ese informe donde uno de los vigías detectó unas señales electromagnéticas anómalas ayer a la noche?

- Nuestros satélites de vigilancia no detectaron absolutamente nada, pero de todos modos las compañías del coronel Cañones van a transitar por la zona, por lo que le ordenamos al coronel que investigue.

- ¿Nada sobre actividades guerrilleras recientes en la zona?

- Nada, absolutamente nada, pero eso nos hace creer que están tramando algo en contra del avance del 25 Regimiento.

- ¿Le parece? – preguntó Zabal con una mueca de desconfianza – Los últimos informes de inteligencia señalan que la probable cantidad de Patriotas en la zona no alcanza a ser ni la tercera parte de las tropas que mandamos.

- Inteligencia Militar estima que la resistencia Patriota va a tomar la forma de campos minados y todo tipo de trampas antipersonal y antitanque, mas ataques tipo golpea-y-huye.

- En otras palabras, nada que no puedan manejar.

- Efectivamente, general, Cañones y sus hombres son más que capaces de enfrentar y derrotar a cualquier banda de Patriotas que tengan la mala ocurrencia de atacarlos – dijo en forma petulante Alzaga Limón.

- Puede retirarse, teniente coronel – ordenó el general Zabal.

El teniente coronel Alzaga Limón se retiró, dejando a Zabal solo con sus meditaciones. El plan está marchando, se dijo. La zona de Henderson, Carlos Casares y Pehuajó iba a quedar firmemente bajo el control del coronel Cañones y las siete compañías del 25 Regimiento. En escasos minutos, la operación Reemplazo I iba a dar comienzo con la partida del pelotón destinado a ejecutar a los Patriotas que iban dentro de los contenedores; en resumen, todo parecía marchar bien.

Pero un presentimiento le decía que algo iba a salir mal, horriblemente mal, pero desechó ese pensamiento con furia.