TELAM – El Gobierno invita a la población a concurrir el 2 de Junio a la histórica firma del préstamo que permitirá a la República Deudora Argentina construir el espaciopuerto que será llamado “del Precursor”. Con dicho préstamo, la República se convertirá en potencia espacial. El presidente del FMI, Roger Ratz, concurrirá personalmente al acto, que será llevado a cabo en los estudios de holovisión Gerardo Sofovich.
El coronel Bondini se acercó al escritorio de la secretaria del Secretario del Tesoro y se presentó:
- Soy el coronel Bondini y deseo ver al Secretario.
- El señor Secretario lo estaba esperando. Puede pasar – replicó la secretaria, oprimiendo una tecla de su escritorio.
La puerta del despacho de Valloca se abrió, permitiendo el paso del coronel, quien estaba un poco sorprendido por lo que dijo la secretaria. ¿Esperándome? Valloca lo esperaba de pie, tras su escritorio.
- Lo esperaba – dijo el Secretario, estrechándole la mano – Tenemos mucho para hacer y poco tiempo. – ambos se sentaron.
- Usted era el hombre de máxima confianza del general Zabal, por lo que, de ahora en adelante, trataré con usted directamente. No es necesario que le diga que nuestros planes han sufrido un tremendo desastre.
- Así es, Secretario – repuso Bondini – pero no debemos dejar dominarnos por el pánico. Tenemos que pensar bien nuestros siguientes pasos.
- ¿Qué fue lo que habló con Juan Saúl III?
- Me ordenó que dijera a la prensa que el general Zabal fue malherido y está internado en el Hospital Militar. Deberé decir que sufrió un atentado, pero peleó con bravura y exterminó a los Patriotas que lo atacaron. Al menos esta parte fue verdad.
- ¿Por qué querría esconder Juan Saúl III la muerte de Zabal? – meditó Valloca, apoyando su mentón sobre la palma de su mano izquierda.
- Me dijo que era para que no se sepa la muerte del general antes de la llegada de Ratz, que iba a dejar una pésima imagen en el exterior.
- Eso es lo que le dijo, pero no es verdad. ¿Vio a alguien reunirse con él?
- Cuando entraba, vi salir a la doctora María Julia Garay.
- ¿A la doctora Garay?
- Sí.
Valloca se echó atrás en su confortable sillón y juntó la palma de sus manos. ¿Para qué querría el Supremo Regidor hablar con una de las más brillantes genetistas de la historia? La deducción llegó sola.
- Un clon – dijo
- ¿Cómo? – preguntó Bondini, evidentemente perdido.
- Un clon. Ese hijo de puta tiene un clon de Zabal – respondió con desaliento Valloca.
- ¿¡Pero qué dice!? - exclamó el coronel – Eso es imposible. Un clon del general tendría que haberse desarrollado hace sesenta años atrás.
- Hay rumores de que se puede hacer que un clon crezca un promedio de 15 años en casi uno. Según mis contactos, la doctora Garay sabe como hacerlo.
- Aunque así sea, ¿cómo transmitirle al clon los conocimientos del general?
Valloca meditó.
- Desde hace dos años, los funcionarios del Gobierno nos sometemos a una resonancia nuclear cerebral todos los meses, para buscar microchips en nuestros cerebros. ¿Tendrá algo que ver?
- Voy a averiguar con mi contacto en la Secretaria de Estudios Biológicos – afirmó Bondini.
- Hágalo – ordenó Valloca – Creo que nuestras vidas están en riesgo. Mientras tanto...
Un robot de limpieza Mitsubishi MN2E hizo su aparición en ese momento para realizar su tarea. Con una imperceptible pausa, fruto de una larga experiencia, Valloca prosiguió.
- ... me temo que su petición es inaceptable.
Bondini captó al vuelo lo que estaba haciendo el Secretario del Tesoro y le siguió la corriente.
- ¿Por qué no puede hacerlo?
- Porque, mi querido coronel, las peticiones de fondos extra hay que hacerlas al Supremo Regidor.
El pequeño robot seguía con su tarea, aparentemente ignorando a los dos hombres.
- Señor secretario – dijo Bondini fingiendo exasperamiento – la pérdida de un regimiento completo en la zona de Saladillo exige que armemos otro, y para eso necesitamos dinero fresco.
- Comprendo su posición, coronel, y simpatizo con ella, pero temo tener que decirle que no.
El MN2E terminó con su tarea y se retiró por el mismo lugar por el que entró al despacho. Apenas lo hizo, ambos hombres se relajaron.
- Todo el mundo sabe que son robots-espía, por eso cambié la charla – comentó Valloca – así que... ¿qué le pasa, coronel?
El coronel Bondini había empalidecido.
- ¿Un robot-espía? – gimió.
- Efectivamente, cortesía de la SIDED. ¿Por qué se puso así?
Y Bondini le explicó lo que hizo en el despacho de Zabal. Al concluir, Valloca lo miraba con el ceño fruncido.
- Coronel, me temo que su vida está en serio peligro. Si es descubierto con esos chips, podemos darnos por muertos, así que le pido que me los entregue.
- Aunque esté muerto, soy fiel al general Zabal, por lo que no veo motivos para hacer lo que me pide – respondió desafiante Bondini.
- Si es interrogado, ¿cómo explicaría su presencia en el despacho del general?
Bondini no respondió.
- Usted no tiene razones como para estar allí, y no le veo capacidad de mentir si le aplican una sonda. – continuó Valloca - Coronel, con su actitud está poniendo en riesgo un trabajo de años, perjudicando gravemente los planes del general. ¿Usted quiere eso?
- No – admitió Bondini, derrotado.
- Entonces entrégueme esos chips, por su bien – dijo con tono paternal Valloca.
El coronel abrió su maletín y saco una pequeña caja, la cual entregó al Secretario del Tesoro. Éste la abrió y vio los cuatro chips. Acto seguido, los guardó en un cajón de su escritorio.
- Coronel, como le dije antes, está en serio peligro, cuídese de todo y de todos. No haga nada sospechoso en su domicilio. Yo voy a estar a su disposición, pero mantenga discreción. No se olvide de que nuestro objetivo final es el derrocamiento del tirano.
- No me olvido, y voy a extremar mis cuidados – afirmó Bondini.
Ambos hombres se pusieron de pie y se estrecharon la mano. Acto seguido, el coronel se retiró de la oficina, dejando a Valloca solo con sus pensamientos.
La situación se puso difícil, meditaba el Secretario del Tesoro. La muerte de mi amigo complicó todo, pero nada está perdido todavía. Le intrigaba el clon de Zabal. ¿Cómo haría Juan Saúl III para sustituir al original sin que se note? Consultó su consola, buscando entre las compras hechas para el Gobierno si encontraba algo que le diera una pista. En los registros de dos años atrás halló una referencia a una compra hecha en EE.UU. de un “dispositivo de mapeo cerebral”. Verificó el destino de esa compra y halló que era para la Secretaría de Estudios Biológicos. Buscó en Internet si existía un aparato con ese nombre y, para su sorpresa, no encontró nada. Entonces, dedujo Valloca, fue una compra encubierta. Dejó su mente en blanco, para encontrar una relación que se le escapaba. Y ella, entrenada en mil intrigas palaciegas, encontró la solución.
- Hijo de puta – murmuró el Secretario.
Hace dos años, el Supremo Regidor dio la orden de que todos sus funcionarios deberían realizarse mensualmente una resonancia nuclear cerebral. Vaya coincidencia, la misteriosa compra a los EE.UU. fue hace dos años. ¿Sería con ese dispositivo que puede programar las mentes de los clones a su antojo? O peor, ¿sería la resonancia nuclear cerebral el medio para grabar la mente del clonado? En ambos casos, el plan de Juan Saúl III era ciertamente diabólico. Y pensar que lo tomábamos por tonto.
Lo más triste de todo es que el intento de derrocamiento del Supremo Regidor se podría hacer sólo el 2 de Junio, es decir, dentro de 4 días. El asesino estaba condicionado para actuar ese día, y a continuación suicidarse. No había forma de apurar la operación. ¿Tendría que considerar la fuga? No, era demasiado conocido en medio planeta como para eso. ¿Suicidarse? Si estaba en lo cierto, su clon lo sustituiría y nada habría ganado. Sólo le quedaba considerar pasarse a los Patriotas. Con sus conocimientos de los entretelones del Gobierno y el dinero que podría utilizar para pagar por su seguridad, los Patriotas negociarían con él, seguro. Era una idea que tendría que considerar. Mientras tanto, una conspiración lo esperaba y el estaba dispuesto a triunfar.
- ¿Qué dicen los sensores?
- Con respecto a Valloca, nada. Pulso y temperatura normales, lo habitual en un burócrata como él.
- ¿Y el coronel Bondini?
- Pulso levemente acelerado y algo transpirado. Diría que nervioso.
- Recapitulemos – dijo el agente de la SIDED – lo encontramos en el despacho de Zabal, sin razón alguna, y minutos después lo encontramos en el despacho de Valloca. ¿Te dice algo eso?
- Existe algún tipo de relación entre Bondini y Valloca – comentó el otro agente – Habrá que investigarlo. ¿Qué hay de la revisión?
El primer agente consultó su reloj, y luego su consola.
- El departamento de Bondini fue revisado exhaustivamente, pero no encontramos nada. De todos modos, lo saturamos de nuestros dispositivos espía. Se tira un pedo y nos enteramos.
- ¿Informamos?
- Por supuesto. Nuestro bienamado Supremo Regidor ordenó seguimiento absoluto de Bondini, hasta el más mínimo detalle, incluida esta charla con el Secretario del Tesoro.
- Si lo encontramos a este coronel de opereta conspirando... – comentó uno de los agentes.
- ... ascenso, aumento, medalla y beso para nosotros dos – concluyó el otro agente.
Ambos rieron, pero el Destino tendría otros planes…