17 octubre 2006

Capitulo 5

ESPN – La construcción de los estadios para el Mundial 2050, a disputarse en la Antártida, está a punto de concluir. El presidente de la FIFA, Joseph Haveblatter, declaró –Estoy emocionado. Esta es la primera vez que la final de la Copa del Mundo se celebrará en el estadio más austral del mundo. El centro de la cancha coincide exactamente con el Polo Sur - . En otro orden de cosas...



Pedro volvió a su oficina como si estuviera en las nubes. Demasiadas buenas noticias lo conmocionaron. ¿Verdaderamente le estaba pasando a él? Unos suaves golpes a la puerta lo hicieron volver a la realidad.

- ¿Puedo pasar? – preguntó Maribel.

- Adelante, Mari- repuso Pedro.

Maribel entró con ese paso vivaz que la caracterizaba. “La turbina”, como la apodaban sus compañeros, era muy trabajadora, capaz e inteligente. Todos decían de ella que alguna vez iba a ser Súper-supervisora.

Ella se sentó frente al escritorio de Pedro y le descerrajó – Así que te vas a los Territorios Disponibles, ¿no? - .

Pedro torció la boca en una mueca de disgusto – Le erraste a la profesión, Mari. Deberías estar trabajando en la SIDED (Secretaría de Inteligencia del Estado Deudor).

- Siempre tan halagador – repuso Maribel, simulando vergüenza, - te felicito, de verdad – prosiguió – hace rato que te merecías una oportunidad como ésta.

Pedro la miró – Gracias. ¿Un cigarrillo?

- Bueno, gracias - Él extrajo de su bolsillo un atado de Lucky Strike y le ofreció uno. – Muy amable – dijo Maribel, encendiendo el cigarrillo con el anillo láser muy de moda por esos días.

– Maribel, yo me estoy yendo ya. – dijo Pedro, yendo al grano - Viviana me dio el día libre antes del viaje. Por lo tanto, quedás a cargo hasta mi regreso. Tratá de no enloquecer a los empleados, ¿sí? – le dijo risueñamente.

- Ya tengo los látigos preparados – respondió de la misma manera Maribel. Pedro prosiguió – Toda la data que necesitás está en la memoria de DIEGO (Dispositivo Integral Electrónico de Gran Objetividad), con la palabra clave HAMBURGUESA. Eso es todo. Ahora vení y besame

Maribel contorneó el escritorio y le dio un prolongado beso en la boca. – No te digo que me extrañes – dijo ella – pero sí cuidate -

- Como siempre – repuso él, incorporándose. Tomó su abrigo del perchero, besó a Maribel nuevamente, le palmeó sus generosas nalgas y se fue.

Subió al ascensor y descendió hasta la planta baja. Atravesó los controles de seguridad y salió del Ministerio. Atardecía. Pedro hizo una profunda inspiración y dejo vagar su mirada.

- Eso era una estación de trenes- dijo una voz.

Pedro, sobresaltado, miró a su alrededor. -¿Qué, qué?

- Que lo que está mirando era una estación de trenes.

Pedro localizó al dueño de esa voz. Era un anciano, de alrededor de 80 años, que estaba arreglando las flores que decoraban la entrada del Ministerio, y que estaba con el brazo extendido. Pedro siguió la dirección del brazo y vio el Shopping Mall Constitución, uno de los más lindos de Baires, pero que nunca visitó por falta de tiempo.

- ¿En serio me lo dice? – le preguntó Pedro al anciano.

- Sí, así es. Mucha gente venía del Sur a la, en aquel entonces, Capital Federal. Yo vivía en Glew, antes de que toda la localidad se convirtiera en el estudio de holovisión más grande de Latinoamérica. Me mudaron forzadamente a las casitas Techint que bordean el Riachuelo. – su voz se desvaneció, y prosiguió su trabajo, olvidando a Pedro.

Éste se quedo pensando. ¿Trenes?, ¡pobre gente! En el Museo del Tercer Mundo pudo ver viejas filmaciones donde se veía a la gente viajando, colgada del estribo y, en algunos casos, en el techo de los vagones. Por suerte, el Precursor comenzó a erradicar tal forma nociva de viajar; su famosa frase “Ramal que para, ramal que cierra” se convirtió en una declaración de principios. Cuando él volvió de su injusto destierro, llamado por la población argentina, cansada de tercermundismo, prosiguió con su gran gobierno. En sólo 3 años los trenes fueron erradicados. Los únicos que quedaron son los de uso para turistas. Por supuesto, ni siquiera los rieles quedaban en Baires, afortunadamente.

Pedro giró sobre sus talones, y se dirigió al centro de la ciudad caminando, disfrutando del día. Llegó a la peatonal más ancha del mundo, la 4 de Julio. Diversos puestos de venta ofrecían de todo, desde PCs de pulsera IBM hasta minideslizadores para niños Fisher-Price, pasando por ostras genéticamente mejoradas de Indonesia y relojes atómicos Casio. Los carteles flotantes iban y venían sin pausa, publicitando de todo. Observó la SAU-1 (Superautopista Urbana 1) que controlaba los pocos aeroautos que circulaban por ella. Pedro siguió su camino. Al llegar a la Avenida del Primer Mundo, que unía la Casa Rosada con el Congress Lobby, se detuvo. Si uno se paraba en ese lugar, podía contemplar a placer la gran estatua de 50 metros de alto del Precursor, distante 4 cuadras. En ese lugar, existía algo llamado Obelisco, cuya inutilidad era manifiesta. En su lugar, el pueblo, agradecido, erigió la estatua como homenaje, después de fallecer Carlos Saúl I, inaugurada por su sucesor Máximo Saúl II.

Pedro giró hacia su derecha, rumbo a la Casa Rosada. En la Avenida del Primer Mundo se podían observar muchos negocios. Los calcos de los diversos chips de crédito poblaban los escaparates: Visa, Mastercard, American Express, Diners y Menemcard. Desde que los autos de propulsión a nafta dejaron de existir, las bicicletas solares ocuparon su lugar como medio de locomoción más popular. Dichas bicicletas circulaban en ambos sentidos raudamente en un caos controlado. Cada tanto, un monopatín eléctrico se dejaba ver. En la esquina de la Avenida con la calle Chacabuco, la enorme mole roja del HSBC era un hervidero de gente que entraba y salía, prácticamente todos con los nuevos celulares implantados. Eso sí que era cómodo y de avanzada. Con una sencilla operación, se injertaba en el pulgar el auricular y en el meñique el micrófono. En el dorso de la mano iba la biopantalla informativa. Con sólo decir en el micrófono el nombre o el número, el celular hacía la llamada.

Pedro llegó al Gran Café Tortoni. Le costaba creer que dicho lugar tuviera 192 años. Le gustaba el aire a antiguo. Era como una puerta al pasado. Lugar obligado de turistas, el Tortoni conservaba sus mesas de roble y mármol verde, sus asientos de estilo, sus paredes revestidas de madera llenas de fotos y su techo vidriado. Tomó asiento en un rincón.

- Buenas tardes señor- le dijo un mozo que se acercó a atenderlo.

- Buenas tardes- repuso Pedro – Quisiera la especialidad de la casa.

- ¿Nuestro clásico chocolate con rosquillas? – preguntó como para confirmar el mozo.

- Exactamente – dijo Pedro.

El mozo se retiró. Mientras esperaba, Pedro se puso a mirar las fotos. Una le llamó la atención. Retrataba la puerta del Café, y se podía ver un cartel que decía “Pida nuestra especialidad: chocolate con churros”. Pedro miró la fecha. Año 1989. El año de la ascensión al poder del Precursor. Qué coincidencia, ¿no? Llegó el mozo con el pedido y Pedro aprovechó.

-¿Podría hacerle una pregunta?

- Cómo no – le contestó amablemente el mozo.

- ¿Qué son churros?

El mozo lo miró con una expresión de desconcierto – Ni idea, señor. ¿Desea que se lo averigüe?

- No se moleste, gracias – Pedro le dio la Miniscard para abonar la consumición. Mientras saboreaba el chocolate, Pedro pudo observar que una mujer entraba al café.

Alta, esbelta y de cabello color rojo furioso, ella miraba como buscando un lugar. Su mirada se cruzó con la de Pedro, pero siguió buscando. A él le gustó su figura. ¿Y si le ofrecía lugar en su mesa? Como si le hubiera leído la mente, ella caminó hacia la mesa de Pedro.

- Disculpe – le dijo, con voz sensual – parece que todas las mesas están ocupadas. ¿Le molestaría si me siento con usted?

Pedro no podía creer su suerte – Por supuesto – contestó inmediatamente, mientras se paraba para ayudarla a sacarse el abrigo y acercarle la silla para que se siente.

Cuando tomó asiento frente a ella, pudo observarla en detalle. Su rostro alargado no tenía imperfecciones y sus ojos verdes eran vivaces. Sobre el nacimiento de sus pechos, descansaba una esmeralda. Pedro nunca había visto una joya semejante.

- Ejem – carraspeó ella - ¿te gusta?

Pedro sintió enrojecer de vergüenza.

- Perdón, no quise avergonzarte. Pero sí, nunca vi nada semejante

- ¿Te referís a la esmeralda, o a mí? – manifestó ella, sensualmente

La cara de Pedro pasó a carmesí. La sensación de estar en una montaña rusa se apoderó de él. Ella se dio cuenta y tomó la iniciativa:

-Me olvidé de presentarme. Me llamo Andrea.

- Mmfgfhfg – balbuceó Pedro.

- ¿Perdón? – pregunto Andrea, risueña.

- Pedro, me llamo Pedro.

- Mucho gusto, Pedro. ¿A qué te dedicás?

- Trabajo en el Ministerio Mc Donald´s de la Alimentación. Soy segundo supervisor. ¿Y vos?

- Soy tercera secretaria en el Ministerio Repsol-YPF de Recursos Utilizables. Perdón – prosiguió Andrea, mirando su reloj - ¿No tendrías que estar trabajando?

- Tengo el resto del día libre – respondió Pedro – Mañana tengo que irme de viaje.

- ¿A dónde? – preguntó Andrea.

- A los Territorios Disponibles, mas exactamente a las ciudades de Pehuajó, Henderson y Carlos Casares.

- ¿Y qué vas a hacer en esos lugares tan peligrosos?

- Voy a establecer 3 oficinas del Ministerio, junto con representantes del Ministerio Swift-Armour de Ganadería y del Ministerio Cargill de Agricultura – dijo Pedro.

- Suena importante – comentó Andrea - ¿pero, no hay terroristas por allí?

- ¡Bah, terroristas! – se mofó Pedro – Para eso un pelotón de las Brigadas Deudoras nos va a acompañar, por si algún Patriota tiene deseos de morir rápido.

- Se necesitan hombres como vos, dispuestos a llevar los beneficios del Primer Mundo a esa pobre gente – dijo Andrea, mientras acariciaba la formidable esmeralda.- Yo estoy atada a un escritorio, pero aunque no lo estuviera, no me siento lo suficientemente valiente para hacer lo que vos hacés.

- Una mujer hermosa como vos no necesita arriesgarse. Para eso estamos nosotros – se vanaglorió Pedro.

Andrea inclinó su cabeza hacia la izquierda, haciendo que su pelo tape parte de su cara. Pedro encontró este gesto muy seductor, se sentía atraído hacia ella... y Andrea percibió esa atracción en la mirada de él. Prosiguieron conversando animadamente de diversas cosas, hasta que Pedro miró la hora.

- ¡Las 9 de la noche! Pasó rápido el tiempo.

- Suele pasar cuando una disfruta de un buen momento, de una buena charla – dijo Andrea – pero ya me tengo que ir.

- ¿Nos podemos ver de nuevo? – preguntó Pedro, anhelante.

- Quien sabe, ¿no? Vos te vas mañana de viaje y yo sigo con mi trabajo. Quizás, cuando vuelvas, si todavía estás interesado, buscame en el Ministerio.

- Apenas vuelva, te voy a buscar.

- ¿Es una promesa? – preguntó Andrea, con voz aniñada, al tiempo que se levantaba.

- ¡Sí! – exclamó Pedro, haciéndolo también.

- Entonces te voy a estar esperando – Andrea tomó su abrigo y su cartera. Se acercó a Pedro y le dio un beso en la comisura de los labios. Luego, dio media vuelta y se dirigió a la salida.

Pedro quedó estupefacto. Jamás había vivido, ni menos sentido, algo así; por eso no se dio cuenta que Andrea le hacía un casi imperceptible gesto a un hombre que estaba sentado en una mesa cercana a la salida. El hombre hizo una discreta señal de asentimiento, y su mirada se dirigió a una mujer, sentada en una mesa cercana a la de Pedro.

La mujer activó su celular implantado y dijo en voz baja: - Objetivo marcado.

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