17 octubre 2006

Capitulo 6

INFOBAI – El presidente del Fondo Monetario Internacional, Roger Ratz, anunció su visita a la República Deudora Argentina. El dignatario estará arribando a nuestro país el día 2 de Junio, y permanecerá en la ciudad de Baires 48 horas, durante las cuales mantendrá reuniones con el Supremo Regidor Juan Saúl III y con empresarios del más alto nivel. Se cree que su visita obedece al hecho de respaldar lo hasta ahora hecho por el Gobierno en materia de deuda e integración de la Argentina al Primer Mundo.



Valloca y Zabal salieron del despacho del Supremo Regidor rumbo a la oficina del primero. Al llegar a la misma, el Secretario del Tesoro se acomodó en su sillón, activó el sistema anti-espías e invitó al Secretario de Defensa a hacer lo mismo. Un bar-robot Sony, similar al que operaba en el despacho de Juan Saúl III sirvió las bebidas favoritas de ellos, y ofreció cigarros. Luego de encenderlos, ambos hombres se miraron. Valloca fue el primero en hablar:

- No estaba de un ánimo, como lo diríamos, “supremo”, ¿no?

- No, y eso me llama un poco la atención – manifestó Zabal – Casi no puso objeciones a nuestros planes.

- ¿Y cómo iba a hacerlo? Después de castigarlo como lo hicimos, y después ofrecer salvarle el pellejo ante el FMI, difícil.

- Hmmmm – musitó Zabal – si vos lo decís. Mejor pasemos a los negocios.

- Sí – dijo el Secretario del Tesoro – mejor hablemos de negocios.

- ¿Cómo te acordaste de esa idea del Precursor, la del viaje a Tokio en una hora? – preguntó Zabal.

- Como todo visionario, el Precursor Carlos Saúl I era un adelantado a su tiempo – comentó Valloca – Cuando planteó el viaje a Tokio en una hora, la propulsión atómica no existía, solo se podían encontrar motores a combustible químico, a nafta. Te imaginarás como se rieron de él. Pero ese tipo de ideas no se perdió. Tengo un grupo de mis hombres que analizan las propuestas avanzadas del Precursor, y si son aplicables a nuestro tiempo, pues las adoptamos.

- Pero no tenemos científicos – dijo Zabal.

- ¿Científicos? ¿Para qué los necesitamos? – se mofó Valloca - ¿Escuchaste alguna vez hablar del CONICET?

- Sí, el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas. Lo aprendí en la Academia Militar, cuando estudiamos la materia Errores Tercermundistas – respondió el militar.

- Bueno, Máximo Saúl II corrigió ese error, afortunadamente, disolviendo esa pandilla de parásitos. Creo que terminaron como lavaplatos o algo así. – rió Valloca. – Sí algo que queremos ya existe, lo compramos y listo.

- ¿Y cuánto va a costar esa tecnología? – quiso saber Zabal.

Valloca posó la palma de su mano sobre un sensor. Inmediatamente, entre los dos hombres y por sobre el escritorio del Secretario del Tesoro, apareció un holomapa de la antigua Argentina, junto con las Islas Malvinas y la Antártida. Sus provincias aparecían claramente delimitadas.

- En azul – dijo Valloca moviendo nuevamente la mano – aparece la República Deudora Argentina.

Las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, Islas Malvinas, Antártida Argentina y parte de la provincia de Buenos Aires quedaron pintadas de azul.

- Ahora – anunció Valloca – pintado de rojo, es lo que va a salir el sueño del Precursor.
Como si se hubiera abierto una canilla, el color rojo invadió el resto de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, sur de San Luis y sur de Mendoza. Sin indicativo de ningún color aparecían Los Territorios Disponibles Para Utilizar En Caso De No Abonar Las Responsabilidades Financieras Adquiridas, o Territorios Disponibles, para abreviar.

Zabal silbó admirado - ¡Eso se llama integración a pasos agigantados! Estamos cada vez más cerca de dejar de ser la República Deudora Argentina para ser la República Integrada Argentina. Mis felicitaciones.

- Gracias – repuso, halagado, Valloca.

- ¿Y en cuánto nos beneficia a nosotros semejante avance? – inquirió el Secretario de Defensa.

- Calculo que lo habitual, más un bono. Como siempre, depositado en el Banco Lunar de Negocios. Ahora quiero que me cuentes tus planes – dijo Valloca, acomodándose en su sillón.

- En el Centro de Rehabilitación del Fin del Mundo, en la Isla de los Estados tengo, entre otros indeseables, a algunos reconocidos cabecillas Patriotas, capturados después de varias redadas. Pensaba en ellos cuando le dije a nuestro bienamado Supremo Regidor al proponerle el plan.

- ¿Cómo te vas a asegurar que todo salga bien? Mirá que nos jugamos la vida – le recordó el Secretario del Tesoro a su colega.

- Nuestros amigos de la CIA nos mandaron como obsequio un aparato capaz de hacer confesar hasta a una estatua – comentó Zabal.

- ¿Y cómo funciona? – quiso saber Valloca.

- Se llama sonda cerebral. Se hacen dos pequeños agujeros en las sienes y uno en la frente del prisionero, se insertan en esos agujeros unas varillas de acero quirúrgico y se conectan a una computadora. No se exactamente como funciona, pero le saca del cerebro todo lo que sabe, aunque se resista.

- No deben quedar en buen estado tus prisioneros, ¿no?

- El problema con la sonda es que, cuanto más se resiste, más dañado queda el sujeto, hasta el punto de muerte cerebral. Por eso es que nos cuesta cada vez más hacer prisioneros Patriotas. Cuando ven que están perdidos, se suicidan. – dijo resignado Zabal – pero así y todo, nos van a ser útiles.

“Antes de que lo preguntes, la idea es fraguar un enfrentamiento entre Patriotas y las Brigadas Deudoras, dejando en el campo de batalla los cadáveres de los que interrogamos en la Isla de los Estados. Como se sabe que son cabecillas Patriotas, no va a ser difícil fraguar las pruebas de que ellos son los que atentaron contra el amigo de Ratz, Igor Karkov. Otra alternativa que tenemos: en esta semana se debería completar la integración de Henderson, Carlos Casares y Pehuajó. Puedo mandar a algunos de mis hombres, disfrazados de Patriotas, a atacar a los representantes de los Ministerios que van a trabajar allá. En la fuga, dejamos los cuerpos preparados, y una investigación, manejada por nosotros desde luego, va a deducir que los muertos son los que perpetraron el atentado contra Karkov”.

- Sos maquiavélico cuando querés, Martín – comentó admirado Valloca.

- Aprendí de vos, Domingo – repuso Zabal.

Ambos hombres rieron con ganas. Eran socios en el gobierno desde la época de Máximo Saúl II, y esperaban seguir siéndolo por mucho tiempo. Cuando las risas se apagaron, Zabal planteó:

- Ahora lo más importante: ¿qué hacemos con Juan Saúl III?

- Su utilidad se está acabando rápido – dijo fríamente Valloca – Sé de buena fuente que el FMI dispone de un clon de Juan Saúl III preparado para cualquier contingencia.

- ¿Y qué es, efectivamente, cualquier contingencia? – preguntó Zabal con astucia.

- Exactamente lo que estás pensando – repuso con la misma astucia Valloca.


- Estaba recordando, nosotros somos respetuosos de la tradición, ¿no? – comentó el Secretario de Defensa.

Valloca se quedó en silencio, preguntándose qué es lo que quería decir el militar. De pronto cayó en la cuenta.

- Máximo Saúl II tuvo un, cómo decirlo, “lamentable percance” – dijo.

- ¿Y no te parece que su clon debe seguir los pasos del padre, tal como lo manda la tradición. “De tal palo, tal astilla”? – preguntó Zabal.

- Dejame adivinar. Va a “accidentarse” el 2 de junio, día de la visita del presidente del FMI. – aventuró Valloca.

- Precisamente. Va a morir heroicamente, defendiendo al hombre que tanto hizo por la República Deudora Argentina. ¿No es una muerte noble?

Ambos hombres se miraron satisfechos.

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