COSMOPOLITAN – Fue presentada hoy en el Marriott Hotel la nueva colección de indumentaria de baño del prestigioso diseñador Laurencio Piazza. El hecho más destacado de esta colección es el uso, por primera vez, de las telas solares. Con las mismas, cualquiera puede tomar sol sin untarse con cremas, ya que la misma tela filtra el paso de los rayos ultravioletas de acuerdo al tipo de piel de quien la usa.
Luego de salir del jacuzzi, ya más despierto, Pedro ordenó un suculento desayuno al bar, al tiempo que se vestía y preparaba sus cosas para el viaje. Ordenó a su asistente digital que se conecte a la computadora del Ministerio para verificar que no le faltaba nada para su misión, y de paso revisar si había algún mensaje esperándolo. Había uno de Viviana deseándole suerte y otro de Maribel con lo mismo. Nada importante, en suma.
El bar le avisó que el desayuno estaba listo. Café de Venelombia, leche y huevos transgénicos, pan cultivado, mermelada artificial y fiambre, todo en grandes cantidades, listos para que Pedro los devorara, lo cual hizo rápidamente. Satisfecho, tomó su equipaje y bajó al lobby del hotel a pagar la cuenta. Salió del Macri Tower, donde una bicitaxi lo aguardaba, lista para ir a la aeroisla Domingo Cavallo.
Al llegar a la aeroísla, bautizada con el nombre de uno de los prohombres del Precursor, Pedro descendió de la bicitaxi y entró al hall del aeropuerto, buscando el área militar del mismo. Cuando llegó, otras personas lo estaban aguardando, algunas nerviosas, otras tranquilas, la mayoría fumando y conversando en voz baja. Al ver a Pedro, un guardia, con un rastreador en la mano, se le acercó.
- ¿Puede poner su mano? – le invitó el guardia.
- Cómo no – respondió Pedro.
El dispositivo identificó a Pedro e informó su lugar de destino, su número de asiento en el avión y su misión al guardia, quien llevó esa información a un oficial que parecía ser de alto rango. El oficial examinó los datos que el guardia le acercó, miró evaluativamente a Pedro y siguió con el estudio de los datos. Al concluir, se acercó y dijo:
-Soy el general Mazzera, encargado de cuidarlo a usted y al resto de los que están acá.
- Soy Pedro Díaz, representante del Ministerio Mc Donald´s de Alimentación – se estrecharon las manos.
- ¿Es la primera vez que visita los Territorios Disponibles? – preguntó Mazzera.
- Así es – respondió Pedro.
- No tiene nada de que preocuparse. Yo estuve por ahí varias veces y las gentes de esos territorios no son muy peligrosas. En general colaboran, deseosos de que les mejore su calidad de vida, pero siempre hay alguno que no está de acuerdo.
- ¿Los materiales con los cuales tenemos que trabajar?
- Ayer a la noche partieron en camiones solares adecuadamente escoltados por un par de compañías de las Brigadas Deudoras. Por los asaltos, ¿vio?
- ¿Y los Patriotas? – quiso saber Pedro.
- ¡Bah!, mi nieto de 3 años pelea mejor que esos – respondió despectivamente Mazzera – Le tengo más miedo a él que a esos principiantes. Maté a varios de ellos y no son nada del otro mundo. No se van a atrever a hacer nada mientras yo esté ahí.
El general miró su reloj y anunció en voz alta que ya podían ir embarcando y acomodarse en sus asientos, que iban a despegar en 10 minutos. Pedro siguió a la gente al avión militar, mientras empezaba a sentir un pequeño cosquilleo en el estómago, aviso infalible de nervios. ¿Y cómo no iba a estar nervioso, con la responsabilidad que le fue asignada? Pero todo iba a salir bien, todo estaba planeado al detalle y además los iba a proteger un veterano. O al menos eso creía.
El grupo de representantes de los diversos ministerios se dirigieron al avión Boeing 7007 que los estaba aguardando en la plataforma con sus motores de despegue vertical apuntando hacia abajo, rodeado de mecánicos y técnicos aprontando los detalles finales. Uno a uno, Pedro y sus compañeros fueron subiendo a la nave, mientras una cabo les iba indicando sus asientos, y dándole a todos un folleto de seguridad. El asiento 12C era el que le correspondía a Pedro, y a él se dirigió, comprobando con cierta alegría que iba a estar pegado a la ventanilla, y se acomodó en el mismo. Cinco minutos después, el avión despegó, orientándose en un rumbo sur-sudoeste y acelerando a su velocidad crucero de 1.500 km/h, rumbo a Henderson, llegando a esa ciudad 15 minutos después. Desde el aire, Pedro pudo ver los extensos campos cultivados y el ganado pastando libremente, pero también vio los diversos puntos de control establecidos por las Brigadas Deudoras, los nidos de ametralladoras láser y las naves vigías de control remoto que sobrevolaban la ciudad y los campos aledaños.
Luego de descender a tierra, Pedro y el resto de sus compañeros se acomodaron en diversos transportes blindados que los estaban aguardando, listos para llevarlos al cuartel general de las Brigadas Deudoras situado en el centro de la ciudad. Pedro empezó a alarmarse porque junto a los transportes se encontraban tres flotatanques y sus respectivas dotaciones, armados hasta los dientes. La combinación de los transportes blindados junto con los flotatanques no era nada buena, haciendo que tanto Pedro junto con el resto de los representantes ministeriales comenzaran a cuestionarse el haber venido, pero el general Mazzera, que en ese momento se acercaba, les dijo:
- No tienen de que alarmarse. Lo que están viendo se llama, en términos militares, una “demostración de fuerza”
- ¿Y nos podría explicar más claramente eso? – preguntó temblorosamente alguien al lado de Pedro, un tal Marcelo, según recordaba.
- Esto quiere decir – prosiguió Mazzera – que mostramos que estamos bien preparados para hacer lo que se nos plazca. La idea es que esto llegue a conocimiento de los Patriotas y los disuada de hacer tonterías.
Algunos de los representantes ministeriales respiraron más aliviados, pero otros, Pedro entre ellos, no creyeron del todo las palabras del general. Aun sin formación militar uno podía deducir que si la escolta tenía semejante potencia de fuego, la oposición estaba bien armada y dispuesta, una combinación potencialmente peligrosa. Luego del discurso del general todos subieron a los transportes blindados, los flotatanques se elevaron del suelo, tomaron sus posiciones al frente y a la retaguardia del convoy y se pusieron en marcha rumbo al cuartel general. A pesar de los miedos, el viaje se realizó sin inconvenientes, para alivio de Pedro y de sus compañeros.
Bajaron frente al cuartel central, ubicado en el edificio que antes era del Banco Nación, y entraron en él. El cuartel era una colmena de actividad, con soldados entrando y saliendo del edificio llevando y trayendo comunicaciones o informes de actividad guerrillera conocida. Un oficial con los galones de coronel se acercó al general Mazzera para conferenciar con él, mostrándole un asistente electrónico con, seguramente, alguna información importante, puesto que la cara del general comenzó a transformarse. Luego, se acerco a Pedro y sus compañeros:
- Señores, cambio de planes – anunció el general – tenemos que trasladarlos a Carlos Casares, distante unos 80 kilómetros de acá. En una hora estamos allí.
- ¿Y por qué el cambio? – preguntó Pedro secamente.
- Ordenes superiores. Deberán comenzar su trabajo en esa localidad – concluyó el general, tajantemente y mirándolo torvamente.
A Pedro no le gustó nada el cambio de planes, y por las expresiones de sus compañeros, pudo ver que a algunos tampoco les cayó bien la noticia. Pero órdenes eran órdenes, y había que cumplirlas, les gustaran o no, por lo que todos salieron del cuartel y se dirigieron a los transportes blindados. Pedro iba a subir al primer transporte, pero en ese momento Mazzera lo detuvo de mala manera:
- Díaz, que sea la última vez que me cuestiona, ¿entendió? Ni usted ni ninguno de los que están acá sabe nada.
- Estoy en mi derecho de preguntar, general, puesto que se me encomendó una tarea, y no me gusta que cambien las cosas porque sí.
- Las órdenes se cambiaron para su seguridad, así que mueva el culo, Díaz. Ya me lo va a agradecer – ladró el general, dando media vuelta y dirigiéndose al segundo flotatanque.
Pedro lo miró con bastante resentimiento, ya que lo que estaba pasando no era lo que esperaba, y además sentía que el miedo empezaba a crecer dentro de él. Se dirigió al primer transporte, el que tenía asignado, pero estaba completo, por lo que subió al segundo, sin saber que la predicción del general Mazzera se iba a cumplir en poco tiempo.
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