19 octubre 2006

Capitulo 9

AP – La organización ecologista Greenpeace sufrió uno de los peores golpes a su prestigio, al anunciar el hallazgo de una ballena franca austral viva en el Océano Atlántico, sin advertir que esa “ballena” era en realidad la ballena-robot utilizada para la filmación de la película “Océano Profundo” y que, por error en su programación, se extravió del lugar donde estaba guardada. El papelón...



El general Martín Zabal, Secretario de Defensa, se encontraba en su despacho alistando su viaje al Centro de Rehabilitación del Fin del Mundo, su mente calculando y proyectando la pantomima que estaba preparando para el FMI. Iba a salir bien, tenía que salir bien, pensaba el general. No tenía intenciones de conocer la cámara atómica por adentro, y hacía todo lo posible por evitarla, sin contar con que si descubrían la existencia de su cuenta en el Banco Lunar de Negocios, tanto su carrera como su vida iban a terminar muy rápido. Pero eso no iba a pasar, por supuesto, todos los recaudos que eran posibles de tomar se tomaron, junto con pruebas irrefutables de corrupción y otras de cosas entre los miembros del Gobierno. Ninguno está limpio, reflexionó Zabal, por eso todos nos ayudamos mutuamente como los buenos ladrones: robamos para que ninguno nos delate o caemos todos. Pero nadie iba a hablar, por supuesto.

El intercom del escritorio se activó, y la voz y la miniatura holográfica de su fiel lugarteniente Rubén Bondini aparecieron:

- Mi general, está todo listo para su viaje – anunció el coronel Bondini.

- Ya voy – repuso Zabal.

La holografía se desvaneció. Zabal se quedó reflexionando acerca del coronel Bondini, fiel como nadie. Fiel, porque el propio Zabal en persona lo salvó de morir a manos de los Patriotas cuando éstos atacaron la Mansión Regidora en Olivos, con Máximo Saúl II dentro. El ataque fue lo suficientemente violento como para que el zoológico que estaba dentro, un recuerdo del Precursor, volara por los aires, junto con los animales que allí estaban. Muchos habían caído esa noche, recordó Zabal, pero de los Patriotas no había quedado ninguno; o bien muertos o bien en la Isla de los Estados. Esa noche Bondini estaba a cargo de la custodia de la residencia oficial, y detuvo un ataque perpetrado por fuerzas superiores el tiempo suficiente para que llegaran refuerzos, que Zabal mismo, por un capricho del destino, iba a conducir al combate. Los Patriotas lograron llegar hasta la puerta de la habitación de Máximo Saúl II, donde Bondini los estaba esperando, listo para vender cara su vida. La primera ráfaga de la ametralladora láser barrió con el grueso de los atacantes, pero una granada rompedora le destrozó ambas piernas. Aún herido, Bondini se las arregló para contenerlos hasta que la batería de la ametralladora láser se agotó. En ese momento, el entonces teniente coronel sacó su vibrocuchillo de combate, listo para llevarse a algún Patriota con él. Cuando el que parecía el jefe de los terroristas se le acercó con una pistola en la mano, Bondini le arrojó el vibrocuchillo, pero el terrorista esquivó el arma y se preparó para volarle la cabeza, algo que no llegó a pasar porque Zabal mató al terrorista desde atrás con su propio vibrocuchillo, llegando justo a tiempo. Desde ese entonces, Bondini le juró Carlos Alberto fidelidad personal.

Zabal llegó a la plataforma de despegue de la terraza de la Casa Rosada, donde su avión personal estaba listo para partir. Al pie de la escalerilla, el coronel Bondini lo estaba aguardando, con el maletín de trabajo del general en la mano.

- Mi general – saludó el coronel marcialmente.

- Rubén – respondió Zabal con un gesto de la cabeza.

Ambos ascendieron rápidamente a la nave y la escotilla se cerró silenciosamente. Los dos hombres se acomodaron en sus asientos inerciales, activaron sus cinturones de seguridad y esperaron el despegue y la aceleración de la nave.

- Mi general, ¿puedo preguntarle para qué vamos personalmente al Centro de Rehabilitación de la Isla de los Estados? – preguntó cautelosamente Bondini

- Vamos a elegir algunos voluntarios Patriotas – respondió Zabal

- ¿Está usted refiriéndose a la Operación Reemplazo?

- Efectivamente, Rubén, la Operación Reemplazo está a partir de este momento en vigencia, y vos tenés el mando.

Bondini se puso rígido en su asiento, después se aflojó. A continuación, activó su asistente personal y comenzó a releer los lineamientos principales de la Operación Reemplazo. Ese estilo de operaciones era el favorito de Zabal y de Bondini, sencillo y simple, aunque la ejecución tuviera que ser meticulosamente planificada. Nada podía fallar, pensaba el coronel, no sólo porque el general iba a ser seguramente ejecutado, sino porque él, el coronel Rubén Bondini, no podía fallarle.

- ¿Qué opinás? – preguntó Zabal

- La operación es sumamente factible – repuso Bondini – Con los prisioneros que tenemos en la Isla de los Estados podemos montar la operación de tal manera que sea realista y, sobre todo, creíble.

- Esa es la palabra clave, Rubén, creíble.

- Y así será, mi general, puede confiar en mí.

- Ya lo hago, Rubén, ya lo hago. Y ahora dame los lineamientos de la operación – ordenó Zabal.

- Como cabecillas, los tenemos a Ernesto Lynch, y a Adrián Buenaventura – enumeró Bondini – los dos con el cerebro destruido por la sonda cerebral. A eso le agregaremos unos 10 hombres y mujeres Patriotas en las mismas condiciones. Los doce serán puestos en contenedores de vida suspendida y embarcados hacia el lugar del falso ataque, donde los ejecutaremos. Allí, utilizaremos un pelotón de nuestras Brigadas, disfrazados de Patriotas, que montarán un verdadero ataque contra alguna instalación estatal y luego se retirarán, dejando estos cadáveres como rastro. Las pruebas de que estos Patriotas fueron los causantes de la muerte de Igor Karkov quedarán en los uniformes de alguno de los cabecillas. La investigación la haremos nosotros, y caso cerrado. Como para no dejar cabos sueltos, habrá que también eliminar al pelotón que realice el ataque.


Zabal no pudo evitar saltar en su asiento, sorprendido por la frialdad de su segundo.

- ¿Por qué?

- Porque si alguno de ellos habla, estamos muertos, y prefiero que los muertos sean ellos y no nosotros – repuso cínicamente Bondini – podemos decir que descubrimos que eran agentes Patriotas encubiertos, o algo así, habrá que ajustarlo.

- De acuerdo – repuso el general – No deben quedar cabos sueltos.

El avión comenzó su descenso rápidamente hacia la Isla de los Estados, en ese momento rodeada por una fuerte tormenta, aunque la nave, ceñida por un escudo anti-abrasión, no sufría alteraciones ni en su rumbo, ni en su velocidad.

- Torre de control Isla de los Estados, este es el vuelo GMZ-1, solicito permiso e instrucciones para aterrizar – dijo el piloto.

- Vuelo GMZ-1, tiene permiso para aterrizar. Cono director, activándose, ¡ya!

Desde la isla, un cono amarillo se extendió hasta alcanzar a la nave del general Zabal, rodeándola y conduciéndola con total seguridad hasta la plataforma de aterrizaje en ese momento barrida por la tormenta. La nave, ayudada por el cono director, ignoró la tormenta y se posó con total tranquilidad en la plataforma. Acto seguido, se cerró el techo que resguardaba al Centro de Rehabilitación de la Isla de los Estados de las inclemencias del tiempo. La escotilla de la nave se abrió dejando paso a Zabal y al coronel Bondini, quienes bajaron rápidamente del avión. Aguardándolos, el director del Centro, teniente coronel Cori, los saludó marcialmente.

- Bienvenidos al Centro de Rehabilitación. Lamento el día que eligieron para visitarnos. – dijo Cori.

- Razones de Estado nos traen acá. Esta no es una visita de cortesía. – repuso Zabal.

- Me imagino que así es, porque es muy raro que el Secretario de Defensa se digne visitar este lugar abandonado de la mano de Dios – ironizó el teniente coronel Cori.

- ¡Cuidado cómo se dirige al general! – se enfureció Bondini, al tiempo que llevaba su mano al arma reglamentaria.

- Calma, coronel – dijo Zabal, poniendo su mano en el brazo de Bondini – El teniente coronel Cori tiene una lengua que cuesta controlar.

- ¿Pasamos a mi oficina? – invitó Cori con una sonrisa sarcástica.

Los tres hombres se dirigieron al ascensor, única manera de acceder al Centro, excavado 100 metros bajo tierra, para aprovechar la doble ventaja de no estar expuestos a las constantes tormentas que barrían la región y evitar una muy improbable fuga de reclusos. Cuando llegaron, los militares siguieron su camino hasta alcanzar la oficina de Cori y entraron en ella. El director y sus huéspedes tomaron asiento y se dispusieron a hablar:

- El mensaje que me envió el coronel Bondini era claro, pero me gustaría saber algo más – declaró Cori.

Zabal y Bondini guardaron un más que elocuente silencio. Cori asintió y sin mediar palabras pulsó un botón de su escritorio. Al punto, un sonido muy suave, como de cascada, comenzó a escucharse.

- Protección anti dispositivos espía. – comentó satisfecho Cori – podemos hablar con total tranquilidad.

- El FMI nos exige que encontremos a los responsables del atentado del 20 aniversario – Zabal dijo sin rodeos.

- Entiendo – repuso Cori – y no los pudieron encontrar todavía, ¿no?

- Estamos en la pista de ellos, pero no tenemos tiempo – declaró Zabal – así que pensamos en usar a algunos de sus huéspedes.

- Permítame decirle, mi general, que han elegido bien a los, emm, “voluntarios”. Rebeldes como éstos, no va a encontrar. Es más, ya los tengo preparados. ¿Desean verlos, antes de embalarlos y cargarlos? – ofreció Cori.

- Nos gustaría mucho.

El director del Centro oprimió una tecla y la holoimagen de 12 contenedores de vida suspendida apareció sobre el escritorio del director. La cámara se desplazó sobre los contenedores, mostrando a varios médicos afanándose alrededor de los mismos, chequeando que los Patriotas que estaban en su interior estaban en condiciones. Pero como Zabal, Cori y Bondini sabían, estos 12 patriotas estaban muertos, aunque no del todo. Con el uso despiadado de la sonda cerebral, los electroencefalogramas de estos 12 infelices era plano, es decir, que estaban en coma 4, irrecuperables desde todo punto de vista. Y eso estaba bien, ya que lo único que hicieron estos Patriotas fue causar problemas y gastos innecesarios.

- ¿Y, qué les parece? – dijo Cori

- Como siempre, su tarea es impecable – elogió Zabal – proceda a cargarlos en la nave transporte.

En ese momento, el asistente personal del coronel Bondini comenzó a llamar, con el sonido de “muy urgente”. Éste lo activó y comenzó a ver el mensaje que pasaba por la pantalla, mientras los otros dos lo miraban, entre intrigados y expectantes, expresión que cambió cuando la cara de Bondini empezó a transfigurarse.

- ¿Qué paso? – preguntó el Secretario de Defensa.

- Los Patriotas atacaron el convoy que los Ministerios mandaron a los nuevos territorios incorporados a la República.

- ¿Cómo paso esto? – preguntó Cori.

- Todavía no sabemos con exactitud – repuso Bondini – pero, de acuerdo a los reportes preliminares, el general a cargo desplazó el convoy desde Henderson a Carlos Casares, siguiendo órdenes que no sabemos quién se las dio, y a mitad de camino los Patriotas le cayeron encima.

- ¿Bajas? – preguntó Zabal, inquietándose.

- Parece que el convoy en su totalidad fue exterminado – respondió Bondini, mirando su asistente – los tres flotatanques asignados fueron destruidos, junto con los transportes blindados. No se encontró con vida a nadie, por lo que en este momento están analizando el ADN de los muertos para determinar su identificación y si, por alguna casualidad, los Patriotas tomaron prisioneros.

- Mi general – dijo Cori, incorporándose de su asiento – creo que ya debe irse. Lo necesitan allá urgentemente. Los contenedores ya están listos y cargados. Le deseo mucha suerte.

- Gracias, teniente coronel – repuso Zabal, estrechándole la mano – me espera mucho trabajo allá.

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